domingo, 30 de enero de 2011

Los sueños del fin del exilio

Se le habían perdido los cristales de los anteojos y se le habían perdido las llaves. Ella buscaba las llaves por toda la ciudad, a tientas, en cuatro patas, y cuando por fin las encontraba, las llaves le decían que no servían para abrir sus puertas.

Ventana sobre los gestos (II)

Podríamos, claro que si.
Mejor deberíamos, aunque no lo demuestre.

Ventana sobre el país oculto

Sofía con sus diez años de juventud pensaba que en vez de pedir pan, la canción pedía más.
Con cara de haber descubierto un continente me dice: "Agu, pedile más pan".
Y yo lo miré y no le dije nada.

La mancha en el techo

Uno cree que está bien, hasta que saluda con la mano al abrir el portón y el saludo se pierde en el árbol, o se lo lleva el que pasó con la bici. Soy yo y mis detalles, o no y es cierto que mirar es algo viejo que hacíamos y ya no hacemos.

jueves, 27 de enero de 2011

La ruta del bondi

Se fue a pegar un cartel, el cartel lo pegó, pero no se fue porque tenía que pegar un cartel, se fue porque el cartel la lleva con el a pegarse, y después de pegado la manda a mirar por la ventana, y la ventana está cerrada, pero ella mira por la ventana igual, es que la ventana siempre está cerca.

Ventana sobre el adiós

No podía dormir. Él había guardado todos los sueños juntos, en una bolsa de supermercado, y la bolsa se había abierto y los sueños se habían escapado, y él ya no podía dormir porque no tenía ningún sueño que soñar.
Eso decía. También decía que se le habían perdido dos días, un lunes y un martes, y él los buscaba, desesperado, y esos días no estaban en ningún lugar.
No fue breve la agonía. Cada vez tenía menos aire. Al final, crucificado por las sondas, sólo conseguía balbucear:
—Qué repecho tan largo.
Y se murió, sin encontrar los sueños ni los días que había tenido y se le habían ido.
Poca cosa más había tenido. Fernando Rodríguez nunca quiso tener. Fue dueño de nada, hombre desnudo; y desnudo anduvo, perseguido por los niños y los locos y los pájaros.

Eduardito

lunes, 24 de enero de 2011

Crónica de los tiempos


Ella entendió de una buena vez, que los cuentos se desdibujan porque si lograran crecer ya no serían felices, contarían verdades lamentables que solo sospecha.
Los cuentos solo quieren pintar lo que ella quiere encontrar, porque en el bolsillo todavía tienen la esperanza de poder compartir.
Así terminan mudos, porque no saben mentir y esperan.
La única espera que resulta es la del tren, o la del banco. La espera del alma , debería ser ilegal.


Marilú

domingo, 23 de enero de 2011

Ventana sobre el viento nuevo

Allá lejos, pero mas cerca, olor a risa, ¡que placer el de olvidar!.
Acá encima, en otro planeta, o rumbo a otro planeta, y se llena de aire de viaje a ningún lugar.
Ahí al costado, confiesan felicidad instantánea, instantánea porque cuenta los instantes.
Allá lejos, pero mucho más cerca, la niñez.
Ahí, al costado, dos recuerdos.
Acá encima, la risa de la memoria, es que el cuerpo exige solo una sonrisa para descansar en paz.
Allá se aleja, otro que supone y resuelve (mal).
Ahí al costado, la memoria del enchastre del instante de la paz.
Acá encima, selección de escena, y mejor me olvido.
Allá lejos, todo lo demás.
Ahí al costado, la tormenta que quiere cesar.
Acá encima, y por todo mi cuerpo, el río y nada más.

martes, 18 de enero de 2011

Conclusión del profesor de música

Vos decís que no te sale, porque querés que todo salga bien inmediatamente y no te relajas.
La posta es tocar escabio. Yo se lo que te digo.
La próxima tomate un par de medidas de algo piola y heavy y vení a la clase.

lunes, 17 de enero de 2011

Ventana del panqueque

(piiip, piiip)
—¿Hola?.
—Hola si, que tal, ¿hablo con la espalda?.
—No, habla la cara, la espalda anda por allá atrás, ¿te la llamo?.
—No, no, dejá, decile que no la quiero ver más.
—¿Pero porqué?.
—Cara, sabes muy bien, que las horas felices son con vos.
—Bueno gracias, pero yo me canso a veces, te conviene jugar con la espalda también.
—No, no, yo solo quiero cara, y si no no quiero, y eso que a la espalda la quiero también, pero a veces miente.
—Si, la espalda es complicada.
—¿Bueno entonces que me decís?
—Le aviso a la espalda.
—¿Y cara?
—Y no sé, vos insistí.
—Dale, que el verano vuela.

domingo, 9 de enero de 2011

Como mata el viento norte

Como mata el viento norte.
Como hacer que la conozcas.
Como hacer que digas algo.
Como mata el viento norte.
Como cansa negarla.
Como cruzar el río.
Como lograr la confianza.
Como mata ese viento norte.
Como esquivar la ola.
Como ver una vaca.
Como no hacer lo que quieras.
Como hacer lo que queremos.
Como matar el viento norte.
Como saltar los perros.
Como por favor dejar de pensar en marcas.
Como hacer que digas algo.
Como cansa negarla.
Como lograr además ser amigos.
Como cruzar el río.
Como si te hablara en chino.