Palabras andantes, porque hablan y ruedan, circulan por rutas y dan vueltas en mundos que son cabezas. ¡Oh!, el poder de la palabra. La palabra es eterna, es la música primera, es el acto y su fundamento, el sueño, la verdad y la mentira, la mentira en la verdad. La palabra vale tanto y no la comprendemos; hablamos por las manos, ojos, cintura, decimos sin decir. Su uso es tan complejo y natural, digo y siento y vos sentís porque digo. Tan, tan compleja que al usarla y no pensarla, o pensarla demasiado, termina en un nudo, una maraña del desastre, lo común de soñar árboles y escupir tierra.
El miedo que envuelve la palabra, yo le temo a la palabra porque no conozco el mundo, tu mundo, sé que es enorme, tormentoso y soleado, pero es una simple descripción.
El dice y yo veo, especulo y siento, me ahogo y respiro, digo con fuerza, grito y no salen las palabras, no las encuentro. Quizás no queda otra que inventarlas/fabricarlas.
Para vos, arte de inspiración.