domingo, 31 de octubre de 2010

Crónica de los mil grises

Me la creí.
Quizás exageré.
Ruido, y más ruido, no me deja dormir, ruido sin volúmen.
Cuestión de frenar por un rato, quedarse en el lugar y mirar.

jueves, 28 de octubre de 2010

Crónica del vacío


El día es eterno.
Asquerosamente eterno.

jueves, 21 de octubre de 2010

Ventana sobre lo inevitable /2

Me arrepentí, no me canso nada.
La secuencia se da así:
Yo estudiando en el patio, en este instante.
Mi vecino siendo un pelotudo, en este preciso momento.
Yo tocando el timbre y robándole al perro.
Yo cocinándolo en la parrilla.
Mi vecino aprendiendo a no romper las pelotas.

miércoles, 20 de octubre de 2010

martes, 19 de octubre de 2010

Ventana sobre los fantasmas

Si encuentro la llave de la ventana que traduce bien, bien mis palabras, termino desnuda, traslúcida y real.
Me asusta la idea porque no confío.
No confío en mi, claro.

lunes, 11 de octubre de 2010

Ventana para mirar el día


Y se enreda, se desenreda, se ata y desata.
Se arrepiente, busca de nuevo, encuentra, encuentra una idea, quiere creerla pero no cree.
No sabe creer, no sabe confiar, pero quiere, quiere y quiere más.
Entonces se vuelve a enredar, se desenreda y se ata, ya sabe de memoria el nudo, y ahora hace trampa. Cree que cree. Pero no, imposible, no puede. Se desata.
Quizás algún día pueda creer, por ahora solo busca sonreír.
Y está bien.
Se enreda, se desenreda, se ata y desata armando una cadena infinita.
Entonces el día abraza y desaparecen las nubes de sombra, junto con las dudas, conceptos y los mañanas inciertos.
Ningún pronóstico suena válido. Ningún pronóstico suena.
Ya no se especula, no se planea, no se piensan las palabras, solo salen relajadas para desdibujar las nubes de sombra.
Por el momento, todo desaparece.
Todo desaparece cuando el día abraza.
Y ella se sigue enredando con los ojos a medio abrir haciendo fuerza.
No puede dejar de mirar el día.
Y se enreda.
Mientras el día abraza.

viernes, 1 de octubre de 2010

No sé, yo pregunto

Leeme, leeme. Mirame, mirame. Escuchame, escuchame.
Mejor no.
No me leas. No me mires tanto. No me veas. No me entiendas.
Y así quedamos, en el medio del desierto, solos.
Dos pedazos de algo, dos cuerpos que no se entienden, no se buscan, no se ven, no se escuchan. Eso es lo que pedís. Y yo puedo más. Y soy más.
Leeme, leeme. Mirame, mirame. Escuchame, escuchame.
Te aturde. Entonces me leiste. Me miraste. Me escuchaste. Me esperaste.
Esperame.