lunes, 7 de febrero de 2011

Ventana sobre el Lunes

Un viaje de dos horas, para ver a una persona de esas que uno ve porque hay que verlas y no porque realmente estén ahí las ganas.
Hola que tal, ella con su voz aniñada exagerada claro y un hombre nuevo, de hace un mes (como sus zapatos) al que no puede dejar de tocar y mirar y un montón de cosas más que me arrugan la cara y generan tal rechazo como si alguien se pusiera en un cuarto cerrado el perfume dulce y fuerte y horrible que usa la abuela.
Un cigarrillo cada una hora, y solo fueron dos, escena de película de terror, no entiendo porqué pero había que correr, escaparse de sus risas y abrazos y peleas ficticias, cosas que se ven todos los días, pero el olor al perfume de alguna abuela, demasiado perfume, se les fue la mano, —¿Hace cuánto se quieren me dijiste?. Yo y mis preguntas, nada es real, por lo menos para mi, y ¿para qué?.
¡Agustina salí de ahí!.

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