Y se enreda, se desenreda, se ata y desata.
Se arrepiente, busca de nuevo, encuentra, encuentra una idea, quiere creerla pero no cree.
No sabe creer, no sabe confiar, pero quiere, quiere y quiere más.
Entonces se vuelve a enredar, se desenreda y se ata, ya sabe de memoria el nudo, y ahora hace trampa. Cree que cree. Pero no, imposible, no puede. Se desata.
Quizás algún día pueda creer, por ahora solo busca sonreír.
Y está bien.
Se enreda, se desenreda, se ata y desata armando una cadena infinita.
Entonces el día abraza y desaparecen las nubes de sombra, junto con las dudas, conceptos y los mañanas inciertos.
Ningún pronóstico suena válido. Ningún pronóstico suena.
Ya no se especula, no se planea, no se piensan las palabras, solo salen relajadas para desdibujar las nubes de sombra.
Por el momento, todo desaparece.
Todo desaparece cuando el día abraza.
Y ella se sigue enredando con los ojos a medio abrir haciendo fuerza.
No puede dejar de mirar el día.
Y se enreda.
Mientras el día abraza.

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